miércoles, 1 de septiembre de 2010

Alaska wildlife


Tras el último reporte de Radio Tutilimón, aquí estamos de nuevo.

Han pasado muchos días y muchas han sido las anécdotas y las circunstancias que este insigne y peculiar grupo ha vivido.

Tras la última comunicación, los primeros cuatro días del grupo trascurrieron en un trekking, bueno, aquí se dice hiking, por las Talkeetna Mountains. Fue una experiencia que podríamos denominar “molongui”. ¿Os imagináis que una avionetucha os deja en mitad de un lago en mitad de un montón de montañas y que no sabes ni donde estás?, bien, pues a mi ya no me hace falta imaginarlo, ya se lo que es eso. El que venga detrás, que arree.

Ahora voy en un barco de Valdez a Whittier para terminar por carretera en Seward, en el corazón del Kenai Fjords Nacional Park. Estoy escuchando musiquita, y como tengo tres horas por delante, voy a ver si soy capaz sin liarme mucho de contaros algo que sea leíble, lo que no os puedo garantizar, porque me estoy tomando también una Alaskan Amber Alt Style Beer, y tengo que decir que es una cerveza un poco fuerte y que a veces me deja un poco “tumbao” y con el propio sentido del sentido propio perjudicado.

Bien, pues como os iba diciendo, el hiking de cuatro días fue una experiencia inolvidable, la suerte estuvo de nuestra parte, porque la “meteo” nos respeto todos los días, y eso en estas latitudes es no solo de agradecer, es mucho más, es como para convertirse a cualquier religión a través de la cual te digan que se ha producido el milagro.

Los que seguís las fotos por Facebook (los que no, a ver si os hacéis una cuenta ¡coño!) habréis visto las fotos, como una imagen es mejor que mil palabras, entenderéis que con lo perro que soy para algunas cosas, no siga explicando. He puesto 50 o 60 fotos, es decir que tendría que escribir 50.000 o 60.000 palabras para describiros lo que allí vimos y no estoy por la labor.

Pero sí me gustaría transmitiros que aparte de lo que la vista nos depara, tuve una sensación difícil de explicar, es una sensación de esas que te salen de lo profundo de uno mismo (me grabé un video explicando esta sensación que seguro publicaré en unos días tras nuestra vuelta a casa), por ello lo voy a intentar.

La Sensación, es lo insignificante que se puede llegar a sentir un ser humano a merced de la propia naturaleza, sin sus corazas habituales, solo ante el peligro, con sus inclemencias, su dureza con el tiempo, y te das cuenta que en realidad posees cantidad de cosas que te esfuerzas en conseguir y que no necesitas, aunque eso sí, te hacen la vida mucho más fácil.

En resumidas cuentas, fue un momento que tuve y que según voy escribiendo me doy cuenta que no voy a saber transmitirlo, en el que sentí, la vulnerabilidad del hombre moderno, urbanita, a pesar de considerarnos el ser más especial cada uno de nosotros mismos. Allí, en mitad de la nada, sin más medio de locomoción que tus dos piernas y a varios días andando (no se sabe en que dirección) del núcleo de población más cercano.

Y es que amigos, estábamos en una zona despoblada, donde el hiking no se hace por ningún sendero, no hay senderos, se camina por mitad de la nada, que no es la nada es el todo, es la propia naturaleza. Pones tu vista en una colina y dices: “vamos hacia allí” y tiras por lo mas recto que puedes, pero sendas no hay. Pero ¡amigo!, empiezas a andar en tu línea imaginaria y de repente, no puedes seguir, en tu línea hay un oso pegándose un festín de arándanos. Y claro a ver quién es el macho que se atreve a decirle que se aparte que vas tú. Porque lo que esta claro es que un encuentro, no resultaría amigable por su parte. Eso sin contar, los sitios en los que hay aguas y te mojas, ramas que no te dejan avanzar, desniveles que no ves etc. Además la sensación es la de andar por encima de un colchón. Hay tal cantidad de vegetación bajo tus pies, que en cada paso el pie se hunde entre 15 y 30 centímetros.

En definitiva, ya se que me está quedado largo y que me estoy liando, pero es la cerveza, os lo aseguro. Cuatro días increíbles.

Tras esto, regresamos Talkeetna, a la civilización y la lluvia nos empezó a acompañar y no nos ha dejado ni un solo día. Dormimos en este peculiar pueblo, el de la calle para “aca” y la misma calle “pa cá” que os describí en la primera entrega de este viaje.

Al día siguiente salimos de viaje en nuestra “furgo”, camino de Denali National Park and Preserve. El día pasó viajando, para a la mañana siguiente adéntranos en dicho Nacional Park.

El “adentramiento” se produjo en un bus, porque con el vehículo propio está prohibido, fueron 6 o 7 horas de bus, en el que a cada rato veíamos un bicho distinto (aquí, remitirse a las fotos del FACE y así me ahorro de seguir contando, ya sabéis una imagen 1000 palabras), pero resumiendo, osos, lobos, águilas, alces, caribúes…, Las 6 0 7 horas se hicieron cortas, muy cortas.

Otras dos noches en el mismo sitio, una cabañita elegante pero informal y al día siguiente de nuevo viaje hacia Paxson. Un lugar….bueno un lugar y listo, no me extiendo más. Solo decir que hay 28 habitantes censados. El viaje transcurre por la Denali Highway, unas 200 millas de carretera sin asfaltar y lloviendo. Se atraviesa una tundra que es espectacular, donde la vista se pierde sin rastro de existencia humana o civilización

La noche en Paxon es de trámite para al día siguiente llegar hasta Valdez.

En Valdez (4000 habitantes, pero no debían estar este día), un madrileño afincado y dueño de un restaurante en el que se come con pan y aceite de oliva (Alaska´s Bistro), nos dijo que cualquier cementerio es más animado. No me queda más remedio que darle la razón. Y eso que el personaje era un fanfarrón, que de no ser porque era el único que hablaba español a parte de mi “clá”, en otras condiciones no le hubiese prestado más atención que la que la propia educación manda para esos trámites.

Valdez es un lugar que se reconstruyó en una nueva ubicación, a unos 2 kilómetros de la original, tras un terremoto que se produjo en 1964 y que dejó al antiguo Valdez arrasado. Se reconstruyo en una nueva ubicación porque el antiguo estaba entre la lengua de dos glaciares.

También es famoso por el naufragio del petrolero Exxon Valdez en 1989, el cual produjo una marea negra de muy malas consecuencias.

Tras la primera noche en Valdez, a la mañana siguiente, hicimos una actividad en el “Lu-Lu Belle”, que es un barquito que te lleva durante unas 6 o 7 horas por la bahía de Valdez, descubriéndote la fauna, los rincones de dicha bahía y finalmente acaba llevándote a un glaciar (Columbia Glaciar) que muere en el mar y navega por entre los trozos de hielo que flotan en el mar y que se han ido desprendiendo del glaciar, y aquí amigos, los que aún no os habéis hecho una cuenta de facebook, hacérosla y mirar las fotos, porque paso de mil palabras por cada imagen.

Y llegado este punto, que además está coincidiendo con que se me acaba la cerveza y tengo que ir a por otra, os voy a dejar. Así me doy una vuelta por el barquito este en el que vamos y salgo a cubierta a ver que se ve, para así tener contenido para mis próximas entregas.

Para Todos Vosotros, ha informado “El Tato”, enviado especial de radio Tutilimón, con el asesoramiento lingüístico de Taranco (El Montañitas).








lunes, 23 de agosto de 2010

El Jet Lag y Eagle River


Radio Tutitlimon, informa:

Nuestro segundo día y primer amanecer en Anchorage prometía, despertamos pronto, yo concretamente a las 5:00 A.M. ya estaba echando la primera micción de la mañana, pero no fui el primero, en el W.C. me encontré a Taranco, en situación igual a la mía, es decir, los dos sin las gafas de ver y buscandonos la "chorrilla· para aliviar nuestra presión de vegiga.

Una duchita rápida y las ganas de salir al exterior nos llevaron rápido a la calle. Buscamos un lugar para desayunar, el lugar era como el más típico que os podais imaginar de películas tipo "Fargo" o "no es pais para viejos" y similares: desayunos copiosos americanos en un bar con larga barra y tipos solitarios mirándonos con sorpresa.

Tras el copioso desayuno, salimos a conocer Anchorage, lo visitamos porque ya que hemos venido hasta aquí, no nos vamos a ir sin verlo, pero la verdad es que tiene muy poco que ofrecer al visitante, es una ciudad de calles perpendiculares, como las del barrio de Salamanca en Madrid, pero sin el encanto de ese barrio.



Fuimos a la oficina de turismo como no podia ser de otra forma, y la mayor atracción que nos recomendaron fue ir a un río donde los domingos por la mañana los lugareños var a pescar salmones y un mercadillo a modo de rastrillo.

De aquí nos fuimos a Eagle River, un parque natural, que nos ha hecho tener el primer contacto con la majestuosa naturaleza que nos aguarda en los próximos días.

Allí comimos, o lo intentamos, pues había unas magnificas mesas, que nos prometían una suculenta comida, pero chico, fue desempaquetar las viandas y las cervecitas, y empezar a llover, primero como aviso, como diciendo, recojer que os mojais, pero nosotros nada, si esto pasa, al final...nos comimos el queso, las olivas, el salami, las ensaladas, etc, pasados por agua.

De aquí emprendimos nuestro viaje hasta Talkeetna,aquí yo y la clava poco os podemos contar, por lo que nos cuentan fueron tres horas de viaje, pero para nosotros dos, la cosa se resolvió en unos 15 minutos, si, nos dormimos, ¿y que?

Una vez en este pueblo, que tengo que decir que es el escenario perfecto para una pelicula de esas que se denominan "roadmovie", yo me imagino una pelicula, de esas en que 100 o 200 moteros llegan con sus Harleys Davison y practicamente queman el pueblo. Menos mal que nosotros solo eramos seis y llegamos en un monovolumen, porque una cosa os digo, si me encuentro un mechero, prendo fuego el pueblo...

El pueblo se puede denominar escueto, para definirlo con una sola palabra, es una calle que va para allá y la misma calle que viene para acá, con unos comercios propios de otros tiempos pasados que lo hacen muy, pero que muy agradable. Como dice Quique, montaron el pueblo a principios del siglo XX y no han tocado nada. Un puntito de decrepitud si tiene.

Acabando el día fuimos al más típico bar del lugar a tomarnos una cervecita, yo ya no podía más con mi cuerpo, y dando cabezazos, que no podía evitar, el resto de la concurrencia, lejos de apiadarse de mi, como le gusta oirme decir a Harpo, "se descojonaban", y es que cuando a uno le puede el sueño, ni una cerveza fresquita, ni la grata compañia de la que gozaba, le hacen permancer con los 5 sentidos puestos en lo que hay que estar.

Aquí a mi se me cabo el día, creo que hubo más, pero yo ya no lo puedo contar y como a mi no me gusta ir con "dimes, diretes y contaretes", aquí dejo mi exposición.

Ahora me espera el desayuno, una avioneta que nos llevará a medio de la nada y 4 días de trekking, por lo que hasta dentro de 4 días no tendreis noticias nuestras.

Besos y abrazos.

domingo, 22 de agosto de 2010

Cuando el sol no se pone en 24 horas

Cuando el sol no se pone en 24 horas, quiere decir que te has levantado pronto, pronto, te has puesto la mochila y te has tirado a recorrer mundo en sentido de este a oeste y nos has parado hasta que la puesta de sol te ha vuelto a alcanzar. El día no ha dado más de si, en realidad han sido 25, casi 26 las horas que han pasado desde que salí de mi casa en Madrid hasta ahora que estoy escribiendo estas lineas acostado en la cama de un "Youth Hostel" de Anchorage, Alaska. Más adelante y para no romper la cronología del relato, os describiré el aposento en cuestión. Aunque la huelga de controladores amenazaba semanas atrás con aguar nos la fiesta del viaje, finalmente todo se debió solucionar y por una vez y sin que sirva de precedente, los dos vuelos que hemos tomado han salido a su hora, puntuales, con todas las maletas y equipajes cargados. Por lo que se puede decir: "bien, todo ha salido bien". El primer vuelo ha sido de Madrid a Chicago, hemos llegado en hora, hemos pasado los pesados trámites de inmigración de EE.UU. y hemos retirado nuestros equipajes de las cintas para facturarlos para el segundo vuelo hacia Anchorage. En el intervalo de un vuelo y otro han pasado unas tres horas. En el segundo vuelo he recibido fuertes presiones para que no me durmiera, pero los que me conocéis ya sabéis que yo no aguanto mucho la presión, de forma que de las 6 horas que ha durado el vuelo, me he pasado durmiendo 5:55, por eso ahora mientras el resto de la expedición duerme plácidamente, yo podía dedicarme a contar ovejitas o a escribir estas líneas, he optado por lo segundo. Hemos llegado una vez más en hora, a Anchorage, hemos retirado nuestro vehículo de alquiler con el que mañana reanudaremos nuestro viaje y hemos llegado al alojamiento, que como no podía ser de otra forma está en los limites de la dignidad, pero claro, ¿por 110 dolares donde vamos a dormir 6 personas?, eso si barato nos ha salido,aunque "pa que queremos el dinero". Y aqui yo añado y verdad es "En peores garitas hemos hecho guardias" Tengo algunas fotitos y algunos vídeos de los coviajantes que os mostraré en otra ocasión, porque ahora están durmiendo todos y si me pongo a trastear buscando la cámara, igual los despierto y no creo que les venga bien, porque....menudo carácter tienen... Para todos vosotros, desde Anchorage, Alaska, ha informado "El Tato" en colaboración con Radio Tutilimoón

jueves, 11 de marzo de 2010

Los Complices del Runnig

Desafiando los vientos huracanados pronosticados para la mañana de Domingo, y aturdidos por esta nueva enfermedad nuestra, la de la carrera, acudimos en masa (Alex, Amparo y yo), pues eso, a la carrera por las enfermedades raras. No sólo por la ya mencionada que nos habita, sino porque si os fijais bien, a Amparo le ha afectado a su area numérica: “cinco minutos el kilómetro cinco kilómetros, pues eso, media hora”, a Alex a la modestia: “menos de cuarenta”, y a mi, qué voy a decir yo de mi. Lo que deducimos al final de la carrera es que a lo que se referían los meterólogos era a la fuerza huracanada de Amparo, novena en veteranas y diecinueve de la general, a la que sólo pudimos sacar quince segundos. Ya sabeis que yo soy muy de números, como dice Harpo, pero para que se quedé ahí, “interruptus”, no voy a dar la información sobre nuestros puestos ni sobre nuestros tiempos. Que los busque. De lo de Amparo se deduce también que, aunque nos da mucho la matraca con sus quejas en los entrenamientos nocturnos por el monte del pilar que nos programa Alex, está sobreentrenada (lo que probablemente haga a escondidas), cosa que le podría venir de la antes aludida incapacidad para las matemáticas, es decir, por no saber dónde está el límite. En cuanto a los compañeros cocacoleros que aparecen en el vídeo, como siempre, un placer de compañía que nuestra bebida “ejemplar” nos una hasta en calzón corto.

Sobre todos nosotros brillaron, como siempre, Elena y Lisa, las dos luminarias de Alex. Y, por su ausencia, Harpo, al que se echó de menos.

Texto escrito por Pablo (Harpo)